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La historia detrás del himno nacional de los Países Bajos

Retrato Guillermo de Orange
Retrato Guillermo de Orange © Adriaen Thomasz en Wikipedia

Quienes escuchan por primera vez la traducción del himno nacional de Países Bajos suelen encontrarse con una frase inesperada: “Al rey de España siempre lo he honrado”. Puede parecer extraño que una canción asociada con la identidad y la independencia neerlandesas exprese lealtad hacia un monarca español.

Sin embargo, el Wilhelmus no cuenta una historia sencilla de neerlandeses contra españoles. Su letra refleja las dudas, las lealtades y los conflictos políticos y religiosos de Guillermo de Orange, el noble que encabezó la rebelión de los Países Bajos contra el gobierno de Felipe II.

Para entender el significado del himno, hay que regresar al siglo XVI, cuando Países Bajos todavía no existía como el Estado que conocemos actualmente.

¿Qué dice la primera estrofa del himno?

Si alguna vez ha estado en un estadio neerlandés, en una ceremonia oficial o en el Koningsdag, habrás oído el Wilhelmus.

Lo que casi nadie traduce para el público hispanohablante es lo que dice la primera estrofa. Habla en primera persona, como si el propio Guillermo de Orange se dirigiera al pueblo, y en sus últimos versos aparece una frase que descoloca a cualquier español que la escucha por primera vez. Una traducción aproximada al español sería:

Guillermo de Nassau soy,
de sangre germánica,
fiel a la patria
permaneceré hasta la muerte.
Príncipe de Orange soy,
libre y sin temor.
Al rey de España
siempre lo he honrado.

Sí: el himno nacional de los Países Bajos, el país que se independizó de España tras ochenta años de guerra, proclama fidelidad al monarca español. No es un error de traducción ni una leyenda urbana. Es la letra oficial, se canta en los actos de Estado y sigue ahí, cuatro siglos y medio después.

La pregunta obvia es: ¿por qué?

Quién era el "Guillermo" del Wilhelmus

El himno toma su nombre de Guillermo de Orange-Nassau (1533–1584), conocido en neerlandés como Willem van Oranje y apodado de Zwijger, "el Taciturno".

Nacido en Dillenburg, en la actual Alemania, fue educado en la corte de Bruselas y llegó a ser uno de los nobles más poderosos de los Países Bajos bajo dominio de los Habsburgo.

Guillermo fue, de hecho, hombre de confianza de Carlos V. Trabajó al servicio del monarca español y formó parte de la élite que gobernaba los Países Bajos en su nombre.
Su ruptura llegó con Felipe II. A partir de 1568, la revuelta neerlandesa se convierte en guerra abierta: la Guerra de los Ochenta Años.

Guillermo lideró esa revuelta. Y fue asesinado en Delft en 1584, en el Prinsenhof, por un tiro a quemarropa. Hoy es "el padre de la patria" neerlandés, y su casa la Casa de Orange sigue reinando en el país.

¿Por qué el himno honra a Felipe II?

Aquí está la clave, y es puramente política. El Wilhelmus nació en este contexto de rebelión
Guillermo necesitaba presentar su lucha no como una traición, sino como un acto de lealtad: no se rebelaba contra el rey, sino contra sus gobernadores, contra la tiranía de Alba, contra la Inquisición. El rey, en teoría, seguía siendo el rey; el problema era quién ejecutaba sus órdenes.

La letra defendía que había actuado por deber religioso, por justicia y para proteger a la población de lo que consideraba una forma de tiranía.

El himno funcionaba así como una herramienta política. En una época en la que gran parte de la población no sabía leer, las canciones ayudaban a difundir mensajes y podían recordarse con facilidad.

El Canon de los Países Bajos describe el Wilhelmus como una canción propagandística relacionada con la lucha política de Guillermo de Orange.

Una canción llena de contradicciones históricas

El Wilhelmus no relata una historia simple de héroes neerlandeses contra enemigos españoles. Su protagonista fue educado en una corte católica, recibió cargos del monarca y durante años formó parte de su administración.

La frase “Al rey de España siempre lo he honrado” resume esa complejidad. Guillermo de Orange quería presentarse como un servidor leal que no se rebeló por capricho, sino porque consideraba que existía una autoridad moral superior a la del rey.

Con el paso de los siglos, aquella canción se convirtió en uno de los principales símbolos de Países Bajos. Hoy se escucha en celebraciones nacionales, actos de la Casa Real y competiciones deportivas. Sin embargo, detrás de su solemne melodía permanece la memoria de un territorio dividido, de una rebelión contra Felipe II y del largo proceso que dio origen al Estado neerlandés.


Por Cristina García

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