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Crianza multicultural en Países Bajos siendo migrante

niña jugando en la escuela con la maestra
Niña jugando en la escuela con la maestra © canva - copyright free

La crianza multicultural en Países Bajos es muy frecuente. El país lidera las estadísticas mundiales en felicidad infantil. Las cifras muestran que el país ocupa los primeros lugares en casi todas las categorías evaluadas, con un porcentaje de satisfacción vital que sigue siendo el más alto entre los países estudiados. Sin embargo, cuando se trata de tomar la decisión de formar una familia, esas estadísticas no son suficientes.

El proceso de tener un hijo trae consigo temores e inseguridades que son intrínsecos a la decisión en sí misma. Y si a eso le sumamos hacerlo en un país extranjero, la decisión y el proceso de crianza se vuelven todavía más desafiantes.

En este artículo queremos compartir contigo algunas claves de crianza multicultural para acompañar ese proceso.

Comunidad

Hay una frase que dice que criar a un niño requiere una comunidad. Y es cierto. La crianza que recae únicamente en madre y padre suele ser mucho más cuesta arriba que cuando se comparte con otras personas.

Países Bajos se caracteriza por tener comunidades sólidas, pero siendo migrante, integrarse en ellas puede sentirse casi imposible. Procurar participar en eventos sociales locales, en actividades con perfil multicultural y que incluyan niños, es una de las acciones que más ayuda a sentirse insertado en el entramado social.

Vale la pena recordar que, aunque a veces parezca que la sociedad holandesa es cerrada, el hábito de pedir y ofrecer ayuda informal entre vecinos y conocidos está bastante extendido: más de un tercio de la población recurre a este tipo de apoyo de manera habitual. Ese dato importa, porque significa que hay una puerta de entrada real, aunque no siempre evidente desde fuera.

El desafío del idioma

Uno de los duelos que atravesamos al criar en un país que habla otra lengua es que nuestros hijos no tendrán el español como lengua materna social. El idioma es un nexo familiar y cultural, y aunque criemos niños bilingües o trilingües, la lengua del país donde crecen será siempre la dominante.

Este detalle puede parecer menor, pero a la hora de criar se vuelve mucho más relevante de lo esperado. Por eso, si quieres que tu hijo hable español, es importante que organices actividades acordes a su edad con otros niños en las que se hable español.

Sostener un idioma que solo se usa en casa y con pocas personas es muy difícil. Intenta siempre que la diversión, la socialización y el aprendizaje de la lengua vayan de la mano.

El sistema de salud

El sistema de salud en Países Bajos tiene fama de poco amigable entre la comunidad migrante. Las experiencias varían, pero asistir a citas médicas en otro idioma, en otra cultura y con un bebé o un niño pequeño es de las situaciones más estresantes que existen, especialmente si se suma un percance de salud.

Para afrontarlo, intenta mantener la calma.
Si tienes a alguien que hable neerlandés, pedirle ayuda puede ser una buena opción.
Si tienes que comunicarte en inglés, anotar todo en un papel o en el móvil antes de llamar o de ir al centro de salud puede facilitarte mucho las cosas. Bajo presión, comunicarse en una lengua que no es la propia complejiza el proceso.

Sé abierto con lo que te atraviesa en la situación, ya sea miedo, nerviosismo o preocupación. Dilo en voz alta. Los neerlandeses son personas directas que, ante la claridad, suelen responder de forma adecuada.

Hábitos y costumbres

Criar tiene mucho que ver con transmitir hábitos, costumbres y cultura de generación en generación. Un proceso que normalmente sucede en piloto automático, pero que al hacerlo en otro país suele despertar cuestionamientos de todo tipo, y sobre todo activar la sensación de no pertenecer al lugar donde nuestros hijos están creciendo.

Es importante saber que el niño será multicultural, pero que naturalmente sentirá un arraigo fuerte al lugar donde se cría. Por eso conviene observar dónde se activan en nosotros rechazos, falta de entendimiento o resistencias hacia la cultura local, porque esas reacciones, de forma inconsciente, también pueden hacer sentir incómodo al niño si las escucha en boca de su madre o su padre.

Puede ser útil revisarnos como adultos para identificar qué hábitos y costumbres del lugar donde vivimos nos resuenan, y así poder compartirlos con la misma naturalidad con la que compartimos los propios del país de origen.

Por Ailén Rodríguez

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